Psicología perinatal · Málaga

Tu maternidad merece ser sostenida

La maternidad es una experiencia que atraviesa la vida de toda mujer, tenga o no hijos. Una transformación profunda que merece ser nombrada, sostenida y honrada.

Sobre Alma Matria

Donde la mujer y la madre se encuentran

Las exigencias para "volver" a como se era antes de parir. Los cambios en la identidad. Los nuevos roles. Los duelos, de las amistades, del cuerpo, de la pareja. El deseo de no ser madre. El deseo de serlo y no poder.

Poco lugar hay en el mundo para todo lo que mueve la maternidad. Porque, se tenga o no hijos, la maternidad atraviesa a todas las mujeres. Y eso remueve.

Alma Matria es escucha, comprensión, acompañamiento, sostén, formación y red.

→ Descubrí el significado detrás del nombre.

i.

Rigor profesional

Psicología perinatal, terapia basada en trauma y disciplina positiva. Trabajamos desde un marco clínico serio, no desde la improvisación.

ii.

Experiencia vivida

Acompañamos desde lo profesional y desde lo personal. Quien lleva los espacios también es madre, y eso cambia la forma de escuchar.

iii.

Sin prisa ni juicio

Espacios donde no hay que rendir, ni explicar, ni demostrar. Un lugar para reconocerse mujer y madre, sin mostrarse fuerte todo el tiempo.

Lilén Sabrina Negro · Psicóloga perinatal y madre

Lilén Sabrina Negro · Psicóloga perinatal y madre

Sobre mí

Lilén

Aromo del campo, flor amarilla de la Patagonia

En mapuche, "aromo del campo", una flor amarilla nombrada así por esta comunidad indígena del sur de Argentina.

Fundadora de Alma Matria · Psicóloga General Sanitaria

Nací en la Patagonia argentina y, después de muchos años viajando, me establecí en Málaga, España. Allí nacieron mis dos hijos y, desde ese momento, se convirtió también en mi hogar.

Soy Psicóloga General Sanitaria, especializada en Psicología Perinatal. Mi formación incluye estudios en Argentina y España, un Máster en Necesidades Educativas Especiales y Atención Temprana, así como certificaciones en Disciplina Positiva y abordaje informado en trauma.

Soy, además, madre. Y es precisamente de ese encuentro entre mi formación profesional y mi experiencia vital desde donde nace Alma Matria.

→ Si querés conocer mi historia completa, leéla acá.

Psicóloga Sanitaria Nº Col. AO13462 (COPAO)
Psicología Perinatal Formación anual en Salud Mental Perinatal, Colegio de Psicólogos de Santa Fe, Argentina
Intervención en trauma
Disciplina Positiva Educadora de familias certificada por la PDA (Positive Discipline Association)

Atiendo en español e inglés. Sessions available in both Spanish and English.

Servicios

Cómo trabajamos contigo

Distintos formatos según el momento que estés atravesando y lo que necesites.

Individual

Terapia 1:1

Acompañamiento psicológico personalizado para mujeres en cualquier etapa vital: maternidad, infertilidad, transiciones, identidad, vínculos. Un espacio íntimo para tu proceso.

Modalidad: Online y presencial en Málaga
Idiomas: ES / EN
Reservar consulta
Sesión puntual

Acompañamiento Perinatal

Encuentro único de una hora para mujeres embarazadas o en postparto. Una forma sutil de empezar a trabajar contigo misma. También para regalar.

Duración: 1 hora
Formato: Sesión única
Apto para regalo
Idiomas: ES / EN
Más información
Grupal

Círculos de Puerperio

4 encuentros presenciales cada 15 días, en grupo reducido. Un espacio acogedor para madres recientes o embarazadas. Organizamos entre 3 y 4 círculos al año.

Sesiones: 4
Frecuencia: Cada 15 días
Lugar: Málaga
Idiomas: ES / EN
Consultar info y próximas fechas
Continuidad

Club de Madres

Para mujeres que ya hicieron un Círculo de Puerperio y quieren seguir reuniéndose. Encuentros mensuales para mantener la red, profundizar y acompañarse.

Frecuencia: Mensual
Requisito: Haber hecho un Círculo
Quiero unirme
Testimonios

Lo que dicen quienes vienen

"

Un círculo de encuentro con madres, amigas y sobre todo con una misma. Te lleva a situarte en esta nueva etapa integrando el entorno, tu historia personal y todas las variables sensibles que marcan la diferencia. Te ayuda a liberarte, a sentirte comprendida, escuchada. Te plantea interrogantes, te muestra otros caminos a la vez que validas los tuyos propios. Te sientes en calma, confianza, sostenida, con momentos muy divertidos y otros donde se te mueve algo por dentro. No es un sitio donde te explican cómo llevar mejor la maternidad. Es un sitio donde te reconoces a ti misma como mujer y como madre.

— Participante Círculo de Puerperio
"

Sacarme el peso de los DEBERÍA, esa fue la mayor sorpresa para mí. Escuchando a otras madres, normalizas también tu propia historia. Lilén, además de ser psicóloga, es madre. Y eso aporta mucho a su perspectiva y acompañamiento.

— Participante Círculo de Puerperio
"

Somos mujeres y madres que buscamos acompañarnos en esta etapa de cambio. Es una experiencia muy nutritiva, ya que aunque tengamos distintas personalidades y experiencias, todas nos conectamos en algún punto.

— Participante Círculo de Puerperio
"

Lilén se encargó de organizar el encuentro para que todas nos sintiéramos cómodas y bienvenidas en un espacio precioso. Las actividades ayudaron a que podamos abrirnos y hablar con comodidad y naturalidad de temas a veces complejos, y su acompañamiento me ayudó a comprender muchas cosas, a sentirme más liviana y a dejar de juzgarme a mí misma.

— Participante Taller "La mujer después del nacimiento"
Blog

Lecturas desde Alma Matria

Reflexiones y herramientas desde la psicología perinatal y la vivencia personal.

Ilustración: una madre sostiene a su bebé apoyado contra su pecho Puerperio
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¿Qué es el puerperio? Mucho más que la cuarentena después del parto

Ilustración: una mujer descansando profundamente en la cama, agotada, en el posparto Bienestar
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¿Es normal sentirse así en el posparto? Cuándo buscar apoyo emocional

Ilustración: una mujer con su bebé en brazos mirando por la ventana hacia el paisaje Identidad
1 MAR 2026 · 5 MIN

¿Volveré a ser la de antes? Reconectar con una misma después de la maternidad

El significado detrás del nombre

Matria es el lugar al que pertenecemos no por conquista, sino por vínculo. Es el territorio del cuidado, de la vida que se gesta, de la comunidad y del sostén. Un espacio donde crecer no significa producir más, sino volver a estar conectadas con quienes somos.

Matria es, además, una forma de nombrar la sabiduría del cuidado, la cooperación, los ciclos, el cuerpo y la naturaleza como fuentes de conocimiento.

Alma habla de la esencia, de aquello que nos habita más allá de los roles, los mandatos y las exigencias.

¿Por qué Alma Matria?

Porque creemos que en toda mujer habita una fuerza creadora y nutricia que se expresa de formas infinitas: en la maternidad, en la capacidad de cuidar, de transformar, de sostener, de dar vida a proyectos, vínculos e incluso a nuevas versiones de una misma.

Todo ese proceso comienza hacia adentro. En volver a escucharnos. En recordar quiénes somos más allá de los roles que ocupamos.

Alma Matria nace para acompañar a las mujeres en sus procesos y transiciones vitales, ofreciendo espacios donde encontrarse, compartir, comprenderse y crecer. Porque cuando una mujer vuelve a sí misma, también transforma el mundo que la rodea.

¿Querés ser parte de este espacio? Conocé los servicios de Alma Matria o escribinos directamente.

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¿Qué es el puerperio? Mucho más que la cuarentena después del parto

Cuando pensamos en tener un hijo, nos imaginamos el embarazo, el parto, la carita del bebé. Nos cuentan que la vida cambia, que vamos a dormir poco… pero se habla mucho menos de una etapa del posparto que todas las madres atraviesan: el puerperio. Y el puerperio es, probablemente, la fase más transformadora de todo el proceso de convertirse en madre.

¿Qué es exactamente el puerperio?

El puerperio es el periodo que comienza después del parto. Tradicionalmente se considera que dura unas 6 semanas (la famosa "cuarentena"). Sin embargo, en los últimos años, distintos profesionales de la psicología perinatal han comenzado a hablar de puerperio extendido o puerperio emocional, una etapa de transformación que se extiende aproximadamente hasta los dos primeros años de vida del bebé, aunque para algunos autores no hay un límite temporal claramente establecido.

¿A qué se debe esta "ampliación"? Al reconocimiento no solo de la dimensión física, sino también emocional de los cambios que acontecen. Durante las primeras seis u ocho semanas, el cuerpo va volviendo a su estado previo al gestacional: el sistema cardiovascular, respiratorio, digestivo, hormonal (entre otros) van recuperándose lentamente.

Aunque estos sistemas vuelvan a su estado anterior, la mujer ya no es la misma. El cuerpo se recupera del parto, las hormonas se reorganizan y, al mismo tiempo, la identidad se transforma. Conviven la sensación de seguir siendo una misma y la de sentirse una persona completamente distinta, con otras prioridades, otra rutina, otras preocupaciones y nuevos deseos.

Esa transformación, fruto de los cambios cerebrales, hormonales y del vínculo con el bebé, se da de manera gradual. El convertirse en madre no ocurre de un momento a otro, sino que es un rol que debe aprenderse y practicarse. Y esa transición requiere más de 60 días.

Durante los primeros meses, madre y bebé forman una díada profundamente conectada. La respiración, el ritmo cardíaco o la temperatura corporal de la madre ayudan al bebé a regular sus propios sistemas fisiológicos. Para un recién nacido, el cuerpo de su madre constituye su primer entorno seguro. Como decía el obstetra francés Michel Odent: «El hábitat natural del recién nacido es el cuerpo de su madre.»

Con el paso de los meses, el bebé comienza a interesarse cada vez más por el mundo que lo rodea, pero sigue utilizando a su madre como base segura desde la que explorar. Ese proceso de diferenciación es gradual y lleva tiempo. También para la madre, que progresivamente va integrando una doble necesidad: la de seguir disponible para su bebé y, al mismo tiempo, la de recuperar espacios, intereses y tiempo para sí misma. Esa separación también se aprende.

Esa progresiva diferenciación e individualización es lo que marca el fin del puerperio extendido o puerperio emocional.

Lo que casi nadie cuenta

La imagen social del postparto es idealizada: madre radiante, bebé dormido. Madres en redes con más de un hijo, casas relucientes, una carrera profesional en auge y un cuerpo que parece no haber pasado un embarazo. La realidad puede ser otra:

  • Noches sin dormir que se acumulan semana tras semana
  • Dudas constantes sobre si lo estás haciendo bien
  • Sensación de haber perdido no solo la identidad anterior, sino el tiempo, los espacios, todo lo que te definía
  • Soledad, incluso estando acompañada
  • Cambios en la relación de pareja
  • Un cuerpo que no se reconoce
No estás fallando. Estás atravesando una de las transformaciones más profundas que existen. Y mereces hacerlo acompañada.

Por qué importa estar acompañada

En otras culturas y otras épocas, las mujeres vivían el puerperio en comunidad. Abuelas, tías, vecinas y amigas rodeaban a la madre reciente, cuidándola para que ella pudiera cuidar al bebé. Esa era su misión: la más importante y fundamental. Incluso más adelante, la crianza también era compartida, lo que dejaba tiempo y espacio para que la madre pudiera reconectar con sus otros roles y funciones.

Hoy, muchas madres viven esta etapa en soledad, teniendo no solo que nutrir y criar, sino además volver a ser la pareja, la amiga, la profesional que eran. Y, como si fuera poco, comparándose con imágenes irreales en redes sociales. Ahí es donde el sufrimiento se multiplica.

No hay comunidad. No hay modelos reales. No hay sostén. No hay escucha. Es la madre con su bebé y su cabeza, en un vaivén de pensamientos y emociones que van del enamoramiento absoluto al agotamiento, la soledad y la autocrítica en cuestión de segundos.

La vuelta a la tribu

Ya sea que tengas amigas madres, que vayas a pilates o yoga de posparto, que seas parte de un grupo de puerperio o de acompañamiento a la lactancia, lo importante es encontrarse con otras mujeres que estén viviendo lo mismo. Allí no hay juicios, no hay consejos no pedidos, no hay competición. Hay escucha, comprensión y la certeza de que no estás sola. Se aprende que lo que una está viviendo en la soledad de su cabeza es, en realidad, una vivencia casi universal de la maternidad. Y una fase que debe atravesarse para dar lugar al nuevo yo, en el que habiten tanto la mujer como la madre.

Si algo de esto te resuena, podés escribirme.

Escribir

Si te interesa la psicología perinatal desde una mirada cercana y basada en la evidencia, una vez al mes comparto reflexiones y recursos en la newsletter de Alma Matria.

¿Es normal sentirse así en el posparto? Cuándo buscar apoyo emocional

El posparto tiene un ritmo propio. El bebé no entiende de horarios, productividad ni compromisos sociales. Como cualquier recién nacido, responde únicamente a sus necesidades más básicas: comer, dormir, buscar contacto, llorar cuando algo no está bien. De repente, el tiempo deja de organizarse por el reloj y comienza a hacerlo por las necesidades de otro ser humano. Es la naturaleza la que manda.

Adaptarse a ese nuevo ritmo no siempre es fácil. Muchas veces el agotamiento no proviene solo del cuidado del bebé, sino del intento de seguir funcionando como antes: mantener la misma disponibilidad, la misma vida social, el mismo rendimiento o las mismas expectativas sobre una misma.

Lo agotador del posparto no es su ritmo. Lo agotador es no parar.

Este momento tiene un ritmo lento e imprevisible que invita, como dice Carmen Moreno, a "actuar menos para estar más presente". Cuanto más intentamos mantener la vida de antes, más fácil es que aparezcan el agotamiento y la sensación de no llegar a todo.

A ello se suma que el posparto suele ser una etapa de gran intensidad emocional. La escala emocional se resetea y los extremos se intensifican. La alegría convive con el miedo. El enamoramiento con el cansancio. La gratitud con la nostalgia por la vida anterior. Esa ambivalencia no solo es frecuente, sino que forma parte de la experiencia de muchas madres. La contradicción forma parte del posparto.

Entonces, ¿cómo distinguir entre un malestar esperable y uno que merece más atención? No existe una línea exacta ni un momento concreto. Tampoco este texto pretende ser una guía diagnóstica. Pero sí hay algunas señales que pueden indicar que llegó el momento de dejar de sostenerlo todo sola.

Cuando la tristeza no da tregua

Durante los primeros días tras el parto es habitual experimentar el llamado baby blues: mayor sensibilidad, llanto fácil, cambios bruscos de humor o sensación de vulnerabilidad. Suele aparecer durante la primera semana y desaparecer de forma espontánea al cabo de unos días.

Sin embargo, cuando la tristeza persiste, el llanto se vuelve cada vez más frecuente o la sensación es que cada día cuesta más levantarse, disfrutar o afrontar lo cotidiano, conviene prestar atención. No significa necesariamente que exista una depresión posparto, pero sí que el sufrimiento merece ser escuchado.

Cuando te cuesta conectar con tu bebé

La imagen de un flechazo de amor inmediato entre madre y bebé no siempre refleja la realidad. El vínculo también se construye, especialmente cuando el parto ha sido difícil, existe mucho cansancio o simplemente la adaptación está resultando más compleja de lo esperado.

Lo que merece atención no es no sentir un amor inmenso desde el primer minuto, sino vivir de forma persistente una sensación de distancia, vacío o culpa por no sentir lo que creés que deberías sentir. Hablar de ello suele aliviar mucho más de lo que imaginamos.

Cuando el mundo se hace demasiado pequeño

Es habitual necesitar intimidad durante las primeras semanas. Muchas madres sienten el deseo de recogerse, proteger ese tiempo con su bebé y limitar las visitas. Eso también forma parte del puerperio.

Pero si pasan las semanas y cada vez te cuesta más salir de casa, ver a personas de confianza o pedir ayuda, el aislamiento puede terminar alimentando el malestar. El posparto necesita descanso, sí, pero también necesita red.

Cuando los pensamientos te asustan

Muchas madres experimentan pensamientos intrusivos relacionados con el bienestar de su bebé: imágenes desagradables, miedos intensos o dudas que aparecen sin buscarlas. Son mucho más frecuentes de lo que solemos creer y, por sí solos, no significan que vayas a hacer daño a tu bebé.

El problema aparece cuando esos pensamientos generan tanto miedo o angustia que empiezan a ocupar gran parte del día, condicionan tu comportamiento o hacen que vivas en un estado constante de alerta. Compartirlos con una profesional suele ser el primer paso para entenderlos y reducir su impacto.

Cuando sentís que desaparecés por completo

Durante un tiempo es natural que el bebé ocupe el centro. Sus necesidades son urgentes y requieren una gran disponibilidad por parte de quien lo cuida.

Sin embargo, otra cosa muy distinta es sentir que dejaste de existir. Que no comés aunque tengas hambre, que no descansás ni cuando alguien puede quedarse con el bebé, que ya no reconocés qué necesitás o qué deseás. Cuidar de una madre también forma parte de cuidar de un bebé.

Reconocer estas señales no te hace mala madre. Te hace una madre valiente que quiere estar bien, para ella y para su bebé.

Pedir ayuda también forma parte del cuidado

A veces basta con poner palabras a lo que está ocurriendo y descubrir que alguien escucha sin juzgar. Otras veces será necesario un acompañamiento psicológico más continuado. No hay una única manera de atravesar el posparto, pero sí algo que todas las madres merecen: no tener que hacerlo solas.

Si sentís que el malestar está ocupando demasiado espacio en tu día a día, hablar con una persona de confianza o con una profesional puede ser el primer paso para recuperar algo fundamental: la sensación de que también hay un lugar para vos en esta nueva etapa.

Si sentís que el malestar está ocupando demasiado espacio, podés escribirme.

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¿Volveré a ser la de antes? Reconectar con una misma después de la maternidad

Convertirse en madre es una de las transformaciones más profundas que existen. Pero, en ese proceso, muchas mujeres sienten que pierden algo: a sí mismas. La hija, la amiga, la profesional, la pareja, la creativa, la soñadora, la deportista. Todas esas mujeres siguen ahí, esperando ser recordadas.

A medida que la vida avanza, se van adquiriendo distintos roles. Se comienza siendo hija, nieta, sobrina, hermana… para crecer y convertirse en amiga, pareja, profesional. Hasta que llega un momento que marca un punto de inflexión: el convertirse en madre.

Porque ser madre no es un rol más que añadir a la lista. Es un rol que tiñe a todos los demás.

Que los engloba y transforma. Ninguna de las facetas ni actividades previas queda al margen.

Por eso ser madre implica una auténtica reorganización de la vida. Se conjugan cambios internos (a nivel de organización cerebral, hormonal, incluso se agudizan los sentidos) con cambios externos (en el cuerpo, las actividades, la rutina). Y en medio de una demanda física extrema para asegurar la supervivencia del bebé, la estructura psíquica intenta encontrar su nuevo orden.

La matrescencia: cuando también nace una nueva identidad

Durante mucho tiempo se esperaba que una mujer, después de tener un hijo, volviera a ser cuanto antes la persona que era antes de convertirse en madre. Hoy se sabe que eso no refleja el funcionamiento del desarrollo humano.

Existe un concepto llamado matrescencia, que describe los profundos cambios físicos, hormonales, psicológicos y cerebrales que acompañan la transición a la maternidad. La similitud de esta palabra con la de adolescencia no es casual. Ambas refieren a un momento de crisis vital, a una etapa de caos que trae un nuevo orden. La maternidad es, desde el punto de vista del desarrollo, el momento de mayor transformación de la vida adulta.

Y del mismo modo que no se espera que un adolescente vuelva a ser el niño que era, tampoco tiene sentido esperar que una madre vuelva a ser exactamente la mujer que era antes. La transformación es parte inevitable del proceso.

No es un proceso menor. Por mucho tiempo, meses e incluso años, esa nueva madre puede sentirse "extraña". Conviven la sensación de seguir siendo una misma con la de no reconocerse del todo: puede que no se disfrute de las mismas actividades, que no se conecte con las mismas personas, que aparezcan necesidades nuevas. El tiempo adquiere otro valor y se rige por otros parámetros; con la pareja se cambian las cenas en el sofá por miradas de empatía en los relevos cuando el bebé llora. Ni el cansancio, ni la compañía, ni el amor se expresan y experimentan igual.

El regreso al trabajo es otro de los momentos que suele confrontar a muchas mujeres con nuevas preguntas. Ya no solo sobre la conciliación, sino sobre quiénes quieren ser, cómo desean repartir su tiempo y qué lugar ocupa ahora el trabajo dentro de su vida.

La maternidad reorganiza la escala de valores, las prioridades y los proyectos. Lo deseable antes puede no ser lo deseable ahora. Y no hay que ser y hacer todo lo que se hacía. Hay que detenerse para escuchar. Hay que tener la calma, paciencia y sostén para atravesar el tiempo de cambio, para poder ver el nuevo orden. Y, desde esa nueva normalidad, distinguir y aceptar qué es lo verdaderamente importante para cada una en este momento de la vida. Por eso, más que intentar continuar con la vida anterior, hay que armar de nuevo el puzzle.

Por qué importa volver a ti

Cuando una madre se olvida por completo de sí misma, no solo sufre ella. Sufren los vínculos a su alrededor. Sufre la energía con la que cría. Sufre el modelo que sus hijos reciben sobre lo que significa ser mujer.

Cuidarte a una misma no es egoísmo. Es uno de los regalos más grandes que podés hacerle a tu familia.

Reconectar con una misma no significa recuperar la vida anterior. Significa construir una nueva versión que pueda integrar a la madre sin hacer desaparecer a la mujer que ya existía. Y eso lleva tiempo. Los psicólogos hablamos de transición parental precisamente porque convertirse en madre no ocurre de un instante a otro. Es un proceso de aprendizaje, adaptación y reorganización de la identidad. Quizás, más que buscar respuestas inmediatas, este sea un buen momento para hacerse nuevas preguntas.

¿Qué cosas siguen siendo importantes para vos?

No se trata de volver a hacer exactamente lo que se hacía antes de ser madre. Se trata de preguntarse qué actividades, relaciones o intereses siguen formando parte de quien sos hoy.

¿Qué versión de vos misma querés conservar?

Puede que ya no tengas tiempo para todo. Pero probablemente haya aspectos de vos (tu creatividad, tu curiosidad, tu sentido del humor, tu necesidad de movimiento o de silencio) que siguen necesitando un lugar.

¿Qué podés soltar?

No todo lo que era importante antes tiene por qué seguir siéndolo. La maternidad también invita a revisar expectativas, proyectos y exigencias que quizá ya no encajan y pueden dejarse ir.

¿Quién puede ayudarte a cuidar de esa parte de vos?

Reconectar con una misma rara vez es un camino solitario. La pareja, la familia, las amistades o una red de apoyo pueden hacer posible que también exista un espacio para una misma.

La pregunta no es cómo volver a ser la mujer que eras antes de tener hijos. La pregunta es cómo hacer espacio para la mujer que sos hoy.

Si te reconocés en algo de esto, podés escribirme.

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Si te interesa la psicología perinatal desde una mirada cercana y basada en la evidencia, una vez al mes comparto reflexiones y recursos en la newsletter de Alma Matria.

¿Quién soy hoy? ¿Y por qué hago lo que hago?

Soy Lilén. Tengo 35 años, soy argentina y desde hace cinco años vivo en Málaga.

Hasta hace tres años, esa hubiera sido mi carta de presentación. Un breve, brevísimo, resumen de quién soy. Pero en estos últimos años cambió tanto que hoy estoy escribiendo estas líneas de una manera sencilla y personal, con la intención de contarte algo más profundo.

¿Quién soy hoy? ¿Y por qué hago lo que hago? Son preguntas que no pueden separarse.

A veces siento que el camino me fue haciendo a mí, más que yo al camino. Que la vida me fue mostrando hacia dónde ir. Y cuando digo "vida", hablo de las personas que la habitan. De esos dos pequeños seres humanos que me transformaron y redefinieron sin que yo lo notara del todo.

Pero no quiero adelantarme. Vamos un poco hacia atrás.

De la Patagonia al mundo

Soy de un pueblo de la Patagonia argentina (uno de los lugares más bonitos del mundo, por cierto), aunque también viví en Buenos Aires, donde estudié y me gradué como Licenciada en Psicología.

Al recibirme no entré directamente al consultorio. Sentía una necesidad muy grande de viajar, de conocer el mundo, de expandirme. Durante varios años trabajé en distintos países y en rubros muy diversos, con el objetivo de explorar, conocer, aprender.

Málaga y el primer despertar

En 2021, junto a mi marido, nos asentamos en Málaga. Fue entonces cuando toda esa experiencia acumulada empezó a ponerse al servicio de mi profesión. Me especialicé en estimulación temprana y comencé a trabajar en una fundación acompañando a personas con autismo. Fue una etapa valiosa y comprometida.

Al año siguiente quedé embarazada. Y ahí algo empezó a moverse.

Durante el embarazo, pero sobre todo en el posparto, sentí con mucha claridad que el mundo no está diseñado para las madres. Las exigencias para "volver a la normalidad", al trabajo, al cuerpo, a los compromisos, como si nada hubiese cambiado… cuando en realidad todo cambió.

No solo cambia la rutina. Cambia la identidad. Cambian las prioridades. Cambia la forma de habitar el tiempo y el cuerpo.

Comencé a interesarme profundamente por la psicología perinatal y el trabajo con mujeres. Me formé, leí, investigué. Pero al terminar la licencia volví a la fundación. Volví a lo que era antes. Porque eso es lo que se supone que se hace después de tener un hijo: volver.

Lo escribo ahora y me sigue sorprendiendo la liviandad con la que aceptamos esa premisa.

El segundo embarazo y la decisión

En 2024 quedé embarazada nuevamente. Y durante esa segunda baja maternal, el llamado se hizo imposible de ignorar. Sentí con claridad que quería trabajar con mujeres y maternidad, entendiendo la maternidad en un sentido amplio, como una experiencia que atraviesa la vida femenina más allá de tener o no hijos.

Fueron meses de ordenar ideas, de escucharme, de animarme. Hasta que tomé una decisión importante: renunciar.

Renuncié para empezar de nuevo. Para construir un trabajo coherente con mi momento vital. Para estar presente en mi vida familiar. Para ser honesta conmigo misma. Para acompañar a otras mujeres en procesos que yo misma atravesé.

Gracias por estar acá.

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